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Los
individuos difieren en sus intereses, capacidades, temperamento y estilos
cognoscitivos. Su velocidad de captación es diversa como también lo es el
estilo en que procesan la información que reciben a través de los
sentidos.
Este amplio
espectro de diferencias individuales tiene su origen en las interacciones
entre los factores heredados y el medio ambiente. Es decir, cada individuo
es único pese a su pertenencia a una misma edad o etapa del desarrollo,
particularmente en el campo del aprendizaje, donde los individuos
perciben, asocian y procesan la información de manera diferente.
La educación tradicional
ha sido diseñada para el "alumno promedio", el cual no existe, de ahí las
diferencias en el rendimiento de los estudiantes ante el mismo estímulo
enviado por sus maestros.
La conciencia de que no
existe un alumno promedio y de que cada estudiante percibe al mundo y
procesa la información que recibe de este de una manera única, dependiendo
de sus características biológicas y de su propia historia personal, es un
elemento crucial para el mejoramiento del quehacer docente y de la
investigación educativa.
Por consiguiente, los
profesores pueden estar más concientes de sus estrategias de enseñanza
en la medida que puedan advertir los elementos manifestados por sus
alumnos y por tanto diseñar planes didácticos enfocados a facilitar el
aprendizaje con base en ciertas preferencias.
Este conocimiento
permite al maestro contrarrestar el efecto de la educación pensada para el
alumno promedio, a través de prácticas de individualización de procesos y
estrategias para propiciar en el alumno la construcción de su conocimiento
de acuerdo a su muy particular forma de percibirlo, asociarlo y
codificarlo.
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