Introducción

El ser humano por milenios ha sido objeto de estudio de biólogos, filósofos, psicólogos y una gran variedad y cantidad de disciplinas, las cuales han logrado concensuar definirlo como un ente biopsicosocial conformado por las siguientes dimensiones:

  • Dimensión física

  • Dimensión emocional

  • Dimensión mental

  • Dimensión espiritual

  • Dimensión social

Evidentemente, cuando se habla de educación se habla de un proceso que permite el desarrollo armónico y jerárquico de todas las dimensiones que conforman al ser humano. Sin embargo, es evidente que los sistemas educativos tradicionales han centrado sus esfuerzos principalmente en el desarrollo de las dimensiones físicas e intelectuales, quedando marginadas las dimensiones sociales, espirituales y emocionales; esta última dimensión, determina en gran medida el éxito o el fracaso no sólo en el desempeño académico de un alumno, sino en su vida en general.

Es común encontrarnos con alumnos que en diferentes ocasiones logran demostrar una gran capacidad intelectual, pero que desafortunadamente no obtienen los resultados deseados debido a su incapacidad para dominar el estrés que les ocasionan los exámenes.

Por otra parte, es común que jóvenes con un prometedor futuro, tengan que abandonar la institución educativa a la que asisten, debido a problemas de indisciplina consistente en actitudes de rebeldía, riñas, desatención o falta de respeto. Todos quienes nos dedicamos a la formidable pero compleja tarea de educar hemos sido testigos y hemos lamentado al menos alguna  vez estos casos.

Actualmente, casi a diario se escuchan noticias sobre desagradables tragedias en las que un adolescente toma un arma y hiere a maestros y compañeros, cada día se puede apreciar con terror la manera en que la edad en la que se inician algunas personas a delinquir es cada vez menor.

Más allá de la preparación de los maestros, la alfabetización emocional amplia la visión que tenemos de la tarea que debe cumplir la escuela, convirtiéndola en un agente más concreto de la sociedad para asegurarse que los niños aprendan estas lecciones esenciales para la vida, lo que significa un retorno al papel clásico de la educación.

Resulta evidente la apremiante necesidad de que las instituciones educativas ofrezcan a sus alumnos espacios de formación de sus emociones que les ayude a mejorar su desempeño académico, pero aún más importante que les dé herramientas para triunfar en su vida, como ciudadanos responsables y comprometidos con su sociedad. 

Por tal motivo, el Centro de Aprendizaje Dinámico, ha diseñado su programa “Inteligencia Emocional” con la intención de ofrecer a sus alumnos espacios que le permitan el autoconocimiento y autocontrol de sus emociones a través de entrenamientos encaminados a mejorar sus habilidades para tolerar frustraciones, resolver conflictos, manejar su agresividad, mejorar su disposición a la disciplina, menor impulsividad y mayor control, mejor manejo del estrés, mayor responsabilidad, mejor empatía, actitudes de cooperación y trabajo en equipo, mejora en sus proceso de comunicación y en general a mejorar sus relaciones sociales y su desempeño académico y personal

INTELIGENCIA EMOCIONAL

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